"El arte que trasciende, que ayuda a ver y encontrar al otro, que es expresión de la tradición y de la renovación de la fe y de belleza". Benedicto XVI

jueves, 4 de noviembre de 2010

Los nuevos ricos


Aquellos que habían soportado fácilmente penalidades y peligros, inquietudes y adversidades, hallaron en el ocio y el bienestar - deseables en otras circunstancias - una carga y una maldición.

Entonces nació entre ellos , primero el afán de poder , y luego, el del dinero.


Salustio. Catilinae Coniuratione, X

lunes, 1 de noviembre de 2010

Predicar con el silencio


¡Ay de los que, como doctrina, enseñáis vuestro vano corazón!
Un sacerdote ante el altar no tiene rostro,
y los brazos que alzan al Señor están sin adorno y sin polvo,
Pues, a quien Dios manda hablar, ordénale callar,
y se apaga aquel a quien su espíritu enciende.


Gertrud von Le Fort. Himnos a la Iglesia. VII

jueves, 28 de octubre de 2010

Los perros mudos


9 ¡Bestias del campo, fieras de la selva, vengan todas a devorar!

10 Sus guardianes son todos ciegos, ninguno de ellos sabe nada. Todos ellos son perros mudos, incapaces de ladrar. Desvarían acostados, les gusta dormitar.

11 Esos perros voraces nunca terminan de saciarse, ¡y ellos son los pastores! No saben discernir, cada uno toma por su camino, todos, hasta el último, detrás de su ganancia.

12 "¡Vengan! Voy en busca de vino; nos embriagaremos con bebida fuerte, y mañana será lo mismo que hoy

Isaías 56

martes, 26 de octubre de 2010

Un pasado fértil


La imitación servil ha sido solo resultado de un clasicismo adocenado; el buen clasicismo, desde Homero en adelante, jamás significó la supresión de la originalidad, sino su intenso estímulo gracias a la influencia disciplinadota de una tradición dotada de una gran virtud de fertilización.

Grecia y Roma son, o deberían ser, interesantes e incluso excitantes , y no la mano inerte de un pasado que actúa como freno.

Las tradiciones están detrás de nosotros, necesitémosla o no. Si somos inconcientes de su presencia, somos sus víctimas pasivas, inertes en sus manos, Si las entendemos, nos liberan de los lazos de la necesidad histórica; potencian nuestras vidas en vez de embotarlas, pues nos hemos hecho sus señores y no sus esclavos.


Michael Grant. El nacimiento de la civilización occidental.

lunes, 25 de octubre de 2010

La falsedad del tópico


Es un tópico afirmar que vivimos en una era casi despro­vista de fe, pero ¿es realmente así? En el pasado, el clima social y cultural era favorable a la creencia en Dios. Existía una comu­nión de valores entre el arte, la ciencia y la religión. Dante, Shakespeare, Newton y Beethoven creían en unos valores que estaban más allá y por encima de su trabajo. Actualmente, parecería como si nada fuera cierto y todos los valores fue­ran relativos. Con todo, ¿es ésta una descripción completa? ¿O más bien se trata de una imagen gratuita que nos ofre­cen los actuales sistemas sociales y políticos mientras que, en realidad, todavía existen muchas personas que estarían dis­puestas a asumir el riesgo de la experiencia de la fe? Tal vez sería más realista decir que, en el conjunto de la sociedad, todavía hay muchas personas que creen en Dios y muchas más a quienes les gustaría ser ayudadas para acceder al sentido de la creencia en un Dios personal.


Wilfrid McGreal. Juan de la Cruz

jueves, 21 de octubre de 2010

Proclamar tu alabanza


Tot lo que veig se vos assembla en mi...
Deixeu-me creure, doncs, que sou aquí.
I quan vinga aquella hora de temença,
en què s’acluquin aquests ulls humans,
obriu-me'n, Senyó, uns altres de més grans
per contemplar la vostra faç immensa.
¡Sia'm la mort una major naixença!


Todo cuanto yo veo se os asemeja en mi...
Dejadme, pues, creer que estáis aquí.
Y al llegar el momento tan temido
en que estos ojos se hayan de cerrar
abridme otros, Señor, otros más grandes,
para gozar de vuestra inmensa faz.
¡Sea la muerte en mí un mayor nacimiento!


Joan Maragall. Canto Espiritual

martes, 19 de octubre de 2010

Los frutos amargos


Las congojas y fatigas de que está sembrada toda esta vida miserable, y la fruta que en este valle de lágrimas y destierro nuestro cogemos, pues necesariamente habemos de gustar y comer della, y esto no se puede ex­cusar, de tal manera comamos, que no nos empezca su amargura, ni nos quede dentera de tan desabrido manjar, sino que lo desabrido se nos haga sabroso, y dulce lo amargo, y suave lo áspero, y fácil y llevadero lo dificultoso é insufrible.


Pedro de Rivadeneira. Tratado de la tribulación.