Al ofender al espíritu, el ser humano comete un pecado contra las dimensiones divinas de la existencia y también pone en riesgo, lógicamente, su propio equilibrio psíquico. El último perjudicado por la secularización no es Dios, sino el ser humano, cuyo espíritu se ve limitado a la mente y a la razón en el curso del intento de destronamiento.
László F. Földényi. Dostoyevski lee a Hegel en Siberia y rompe a llorar

