"El arte que trasciende, que ayuda a ver y encontrar al otro, que es expresión de la tradición y de la renovación de la fe y de belleza". Benedicto XVI

lunes, 18 de octubre de 2010

Creer la vida



La búsqueda es la forma interior de la vida así como su evidencia. La fe es un principio de vida, es el principio de la vida en su más alto nivel. Precisamente por esto, de acuerdo con este principio, de la fe nace la búsqueda. La mente que cree es la mente que busca, porque cree y vive creyendo.

Robert Caponigri

martes, 12 de octubre de 2010

La involución de la especie


A pesar de los «Derechos del Hombre» y de la libertad de pensa­miento, de creer al individuo capaz de derribar al Estado y a Dios de su trono, el XIX fue un siglo empeñado en empequeñecernos, en conver­timos en ciudadanos de Liliput.

Frente a los escudos medievales que procuraban entroncarnos con San Luis o con Adán y Eva, se pone a la cabeza de nuestro li­naje a un encorvado chimpancé.

Y la lenta elaboración de la mujer, hasta transformarla en dama y subirla, con Dante, a las estrellas teológicas del noveno cielo, es aniquilada, convirtiéndola en una hembra de mamífero y explicando que el carmín de sus labios es una garantía de salud para la repro­ducción.

Nada halaga más a los barbudos y enchisterados astrónomos de entonces, miembros de todas las Academias y con la roseta de la Legión de Honor en el hojal de su levita, que asegurar que la tierra es una partícula imperceptible de ese polvo estelar que se llama ne­bulosa.


Agustín de Foxa. Por la otra orilla

domingo, 10 de octubre de 2010

La búsqueda de los ciegos



5. A los sabios
Cavilas sobre la Escritura y con sutilezas crees
Encontrar al hijo de Dios . Ah, abandona
Esta búsqueda y ve al establo a besarlo.
Entonces, muy pronto, gozarás de la fuerza del noble Niño.

(Libro tercero)

62. Debe escogerse lo mejor
¡En pie, soldado, a las armas! Será mejor para ti
El reposo después de la victoria que la pena después del reposo.

248. No ver a Dios es no ver nada
Viajas para ver y explorar muchas cosas.
Si no has visto a Dios, nada has visto.

(Libro sexto)

Angelus Silesius. El Peregrino Querúbico

jueves, 7 de octubre de 2010

Prácticas contra la vanidad



Si por las maquinaciones de Belcebú o su amigo Mamón, tu casa está en los suburbios, planta en tu jardín no cosas agradables a la vista como rosas, o agradables al olfato como la lavanda; sino cosas buenas para comer como patatas o judías. Después de dos años habrás logrado 3 cosas: (1) Apreciarás mejor la inteligencia del hombre rústico; (2) tendrás un mejor conocimiento de la Historia Natural (especialmente sobre babosas); y (3) tendrás un desprecio sarcástico de la economía del actual sistema cloacal. En otras palabras tendrás los fundamentos de una buena formación en Humanidades.

Vincent McNabb, O.P. Carta a un Joven con inquietudes

miércoles, 6 de octubre de 2010

Las puertas a la vida



Es, pues, la vida un dolor en que se empieza el de la muerte. Que dura mientras dura ella. Considéralo como el plazo que ponen al jornalero, que no tiene descanso desde que empieza, sino cuando acaba. A la par empiezas a nacer y a morir, y no es en tu mano detener las horas; y si fueras cuerdo, no lo habías de desear; y si fueras bueno, no lo habías de temer. Antes empieza a morir que sepas qué cosa es la vida, y vives sin gustar de ella , porque se anticipan las lágrimas a la razón.

Francisco de Quevedo. La Cuna y la Sepultura

lunes, 4 de octubre de 2010

Hermano Francisco


Por encima de todas las gracias y los dones del Espíritu Santo, que Cristo concede a sus amigos, está el de saber vencerse a uno mismo, y soportar gustosamente, por amor a Cristo, las penas, las injurias, los trabajos y los oprobios; porque, en todos los demás dones de Dios, nosotros no podemos glorificarnos, puesto que no son nuestros, sino de Dios ... Pero en la cruz de la tribulación y de la aflicción, sí podemos glorificarnos, porque eso nuestro es.

San Francisco de Asis

sábado, 2 de octubre de 2010

A mayor gloria de Dios


Hay unos autores que estampan libros por el aplauso y otros que escriben puramente por la gloria de Dios y por el beneficio del prójimo. Los primeros sienten vivamente por su pasión la rígida e inex­cusable censura de los maldicientes. Los segundos se están quietos dentro de su nada, donde no llegan los dardos de la mordaz censura. Yo quisiera con la divina gracia estarme en mi nada para estar inferior a todas las censuras, y para ofrecer a Dios las alaban­zas, a quien sólo se debe la honra y la gloria.


Miguel de Molinos. Defensa de la Contemplación.