"El arte que trasciende, que ayuda a ver y encontrar al otro, que es expresión de la tradición y de la renovación de la fe y de belleza". Benedicto XVI
Seguir una vocación es siempre recorrer un largo y doloroso itinerario interior, para adentrarnos en la tierra desconocida de lo que llama en la oscuridad.
En los periodos de violencia y terror la gente se esconde en su cascarón y oculta sus sentimientos, pero esos sentimientos son indestructibles y no hay educación que acabe con ellos. Incluso si consiguen desarraigarlos de una generación - y en nuestro país esto se ha conseguido en gran medida - , vuelven a resurgir en la siguiente. Nos hemos convencido de ello más de una vez. La noción del bien es, probablemente, inherente al ser humano y los infractores de las leyes humanitarias deberán, tarde o temprano, darse cuenta de ello por si mismo o por sus hijos.
Llega el día en el que, en un mundo enteramente absorbido por el conformismo totalitario, en un mundo entregado enteramente al conformismo totalitario, el menor texto sacado de entre los más clásicos, los más tolerantes, los más humanos de nuestros pensadores...resonará como un trueno en los oídos de los imbéciles y como una voz de alarma en los oídos de los tiranos.
¡Trágica suerte! ¡El periodista que se había revuelto contra los poderes de la tradición para liberarse, para lograr expresar su parecer sin restricciones, pasó a ser un siervo, un funcionario, un esclavo de aquel poder que él mismo promoviera en un principio! La sociedad burguesa le había juzgado necesario para su elevación al dominio, pero, una vez alcanzada esta meta, le había echado a un lado.
Esta decadencia del periodista en el mundo moderno es paralela a la elevación de la sociedad burguesa del hombre de negocios y de la discusión sin límites. Últimamente al publicista acaba por no distinguírsele de cualquier otro empleado o agente comercial. Su trabajo consiste tan solo en servir de comodín a los grupos que juegan a modelar la opinión pública. Ha de escribir lo que ellos le dicten. Hasta puede él no tener opinión propia...pero no le esta permitido manifestar de buena fe pareceres que sean inaceptables para los amos que le pagan.
Debiera hacernos pensar sobre lo criminal y totalitario que es un mundo como el nuestro, donde personajes insignificantes, sin ninguna profundidad ni idea seria, son exaltados y publicitados en el momento en que calumnian cualquier belleza o grandeza moral.
Me llamaste y tu grito laceró mi sordera; brillaste y tu esplendor disipó mi ceguera ; difundiste tu fragancia y respiré corriendo tras de ti; te conocí y me dejaste con hambre y sed; me tocaste y ardo en el deseo de tu paz.
San Agustín. Confesiones Lib X,27,38