Lluevan tormentos, penas y temores,
y cúbrame el diluvio de esta vida,
que la llama que en mi alma está prendida
no podrán apagarla mis dolores.
¿Quién me podrá apartar de mis amores?
Que de todo mar me lleva la crecida
y en fuego de alquitrán está encendida
mi nave, llena de diversas flores.
El puerto más seguro de la tierra
es no tomarlo aunque convide al alma,
ni mirar a las aguas de este suelo
y ausente de mi bien sufrir la calma;
que no me podré hallar en esta sierra
siendo mi amada patria el alto cielo.
Sor Ana de la Trinidad. Dolor humano, pasión divina


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