Oh, hijas de Jerusalén,
Tus lágrimas barren las calles,
Llora por tus propios hijos
alejándose eternamente de Yahvé.
Suciedad que hunde al hijo inocente.
Su propia tierra le duele más con cada caída.
Tres veces se tropieza,
nos estrellamos contra el polvo que somos,
músculos mortales dando la espalda
Sobre el hombre y su madre.
Marjorie Maddox. Via Crucis (Frag)



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