Dame, Señor, un buen olvido
para las pequeñas
injusticias de cada
día;
Dame que la mentira y la torpeza
no puedan quitarme ya la sonrisa.
Dame valiente el corazón, segura
la mano, el pie incansable y el amor…
¡Bien vendría
ahora un poco de serenidad
y otro poco de fe!... Me quedo tan sombría,
tan callada a veces…
Dulce María Loynaz


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