"El arte que trasciende, que ayuda a ver y encontrar al otro, que es expresión de la tradición y de la renovación de la fe y de belleza". Benedicto XVI

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Cruzados en tiempos mediocres


El hombre medieval sentía el olor del pecado; el hombre moderno se empeña en ponerle al pecado olor a desinfectante. El hombre medieval hacía penitencia después de pecar, el hombre moderno adopta precauciones antes de pecar. El hombre medieval corría el riesgo de la inmundicia; el hombre moderno se procura un seguro de higiene. El hombre moderno es el animal que se cree a sí mismo algo más que un hombre y sostiene que el hombre es algo menos que un animal. Es el animal que utiliza su inteligencia para predicar al hombre la primacía del instinto. Es el animal que proclama la santidad de la animalidad. Es el hombre resentido contra la grandeza de la Iglesia y contra la grandeza del Reino; el animal que levanta al hombre contra la Autoridad y contra el ungido por la Autoridad: porque el desorden religioso lleva necesariamente a todas las formas del desorden, como todas las formas del orden llevan necesariamente al orden romano. El hombre moderno es el enemigo del orden porque es el esclavo de su rebeldía; es el animal que persigue la instalación de un orden inventado por él, porque él es impotente para vivir en el orden. Es el enemigo de la Iglesia porque la Iglesia pone orden en las almas y es el enemigo del Reino porque el Reino asegura el orden de los hombres. Es el animal que, por el camino de la higiene, quiere convertir al hombre en un animal de apetito carnívoro y de digestión vegetariana y es el animal que, por el camino de la fraternidad, quiere convertir a la sociedad de los hombres en una sociedad de moluscos anémicos. Porque el hombre moderno quiere, a todo trance, suprimir el heroísmo.


Ignacio B. Anzoátegui

martes, 8 de septiembre de 2009

El temor de los muertos


El bien que el amor anhela es la vida y el mal que el temor huye es la muerte. La vida feliz es la vida que no podemos perder. La vida en la tierra es muerte viviente, mors vitales o vita mortales, vida bajo la determinación de la muerte, al punto de que más propiamente se la llamara muerte. Pues el temor constante que la gobierna impide el vivir, a menos que se equipare el estar vivo con un constante temer.

Hannah Arendt . El Concepto del Amor en San Agustín

lunes, 7 de septiembre de 2009

Palabras encendidas


Seguir, seguir a qué? a dónde? y la palabra
nos atormenta
y seguimos, seguimos. Y de pronto una cosa,
una cosa, cómo se llama?
lo que no es memoria en este mundo
que no tiene remedio, como no sea
de mano del Espíritu ese Santo,
voz y llama, y lo imploramos,
Veni Sancti Spiritu
y la consolación que sigue,
refrigerio dulcísimo,
huésped del alma.

José Antonio Muñoz Rojas. Cuestiones

domingo, 6 de septiembre de 2009

Raíces de la libertad


La primera consecuencia de la aparición del cristianismo con respecto a la realidad es la proscripción de la esclavitud; ésta es imposible en el cristianismo, porque el hombre está considerado ahora como lo que es en sí. Es, pues, intuido en Dios, de un modo totalmente universal; todo individuo es objeto de la gracia de Dios y del fin último divino; Dios quiere que todos los hombres sean bienaventurados.

Prescindiendo de toda particularidad, en sí y por sí, el hombre, ya como hombre, tiene un valor infinito; y precisamente este valor infinito borra toda particularidad de nacimiento y de patria. El hombre no vale por ser judío o griego, por haber nacido bien o mal, sino por ser hombre. Donde el cristianismo es real no puede existir esclavitud.

G. W. F. Hegel. Lecciones sobre la filosofía de la historia universal.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Cruzar a la esperanza


Están muertos ya para esta vida quienes no esperan otra.


Lorenzo de Médicis

viernes, 4 de septiembre de 2009

Alumbrar la penumbra


El hombre , en la noche silenciosa enciende la luz para sí mismo.

Heráclito

jueves, 3 de septiembre de 2009

El milagro de la razón


La verdad, siempre joven, es tan vieja, que se remonta al principio absoluto de todas las cosas, a la eternidad de Dios.

Existen hoy en el mundo un gran número de hermanos nuestros que padecen una dolencia espiritual ¿Y cual es esa dolencia? En dos palabras: esa dolencia es el miedo a la fe. ¿En que consiste este miedo? Voy a explicároslo.
Desde el momento en que Jesucristo vino al mundo se apodera de los corazones de los hombres y penetra en ellos tan profundamente que sus huellas quedan allí indelebles.

Puede decirse que en todo momento de la historia, Cristo es el tema de nuestro tiempo, Cristo es el tema del tiempo que sea, del tiempo presente, y lo es hoy lo mismo que hace diecinueve siglos.

Manuel García Morente. El Hecho Extraordinario