domingo, 25 de agosto de 2019
La sustancia divina
¿Acaso no se desprende de su contemplación (el universo) la existencia de un ser incorpóreo, dotado de inteligencia y omnipresente, para el que el espacio es, por así decir, un sensorium? Sin esa presencia los seres, despojados de todo apoyo, se desintregrarían en la nada, al desprenderse totalmente de la sustancia divina.
Isaac Newton. Óptica
martes, 20 de agosto de 2019
La fuerza de la plegaria
Quien no trata a Dios como ídolo ni emplea la oración como fórmula mágica, sino que la vive como la más honda concentración de todas las fuerzas interiores, como voluntad tensa de lo bueno, de lo mejor, de lo único necesario, ese tal extraerá de las plegarias de hoy fuerza para toda la vida, pues ellas le han obligado a examinar su corazón, combatir lo falso, aspirar más alto y olvidar los pequeños intereses propios en aras de los grandes.
Hermann Hesse. Lecturas para minutos
sábado, 17 de agosto de 2019
La Vida pura
La vida se halla en la divinidad misma. Pues Dios es la vida pura, aquello que persiste en lo pasajero y es uno en lo múltiple y, sin embargo, fundamento de lo pasajero y de lo diverso.
G. W. Friedrich Hegel. Fe y saber
jueves, 15 de agosto de 2019
Asunción de María 2019
¿A dónde va, cuando se va, la llama?
¿A dónde va, cuando se va, la rosa?
¿Qué regazo, qué esfera deleitosa,
qué amor del Padre la alza y la reclama?
Esta vez como aquélla, aunque distinto;
el Hijo ascendió al Padre en pura flecha.
Hoy va la Madre al Hijo, va derecha,
al Uno y Trino, al trono en su recinto.
Por eso el aire, el cielo, rasga, horada,
profundiza en columna que no cesa,
se nos va, se nos pierde, pincelada
de espuma azul en el azul sorpresa.
No se nos pierde, no; se va y se queda.
Coronada de cielos, tierra añora
y baja en descensión de Mediadora,
rampa de amor, dulcísima vereda.
Gerardo Diego
martes, 13 de agosto de 2019
El soplo que nos conduce
Tú lo has experimentado: esto es lo que a Dios le agrada,
esperar pacientemente, hasta que llegue la hora
que Él determine; caminar en la oscuridad,
tal como el silencioso soplo del Espíritu nos conduce,
inadvertidos ante los ojos de los hombres,
recoger las flores que en el camino florecen.
Las pequeñas flores ofrecidas diariamente
al Hijo de Dios por manos de la Madre.
Él las acoge en su corazón: allí florecen
y nunca se marchitan; su perfume
se extiende, dulce e intenso, con virtud curativa,
por todo el mundo, cerrando las heridas
provocadas por las "grandes obras" de los hombres.
Edith Stein. Yo estoy siempre en medio de vosotros.
domingo, 11 de agosto de 2019
Donde habita Dios
Juliana de Norwich. Libro de Visiones y revelaciones
miércoles, 7 de agosto de 2019
Ningún proyecto
No hagamos proyectos . Fiémoslo a la Providencia, que conduce tan bien las cosas.
Madame Bourdon. Octavia y una pariente pobre
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