Cuando Jesús pronuncia su sermón más hermoso-aquel de la Montaña-
, lo hace entre el fragor de las cigarras- criaturas solares como él- mientras
rondan abejas el romero y esplende el mediodía. Cuando Cristo se duele en aquel
huerto y acepta su pasión, los grillos santifican su plegaria y comparten su cáliz.
Los pájaros aún callan, sin embargo. No es tampoco su reino de este mundo, y es
noche todavía: su hora es la del alba, su canto la ascensión que él anunció. Y
sólo entendieron los jilgueros, los mirlos, las alondras…
Vicente Gallego. Pan ácimo reparten


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