Siento a Dios que camina
tan en mi, con la tarde y con el mar.
Con él nos vamos juntos. Anochece.
Con él anochecemos. Orfandad...
Pero yo siento a Dios. Y hasta parece
que el me dicta no sé qué buen color.
Como un hospitalario, es bueno y triste;
mustia un dulce desdén de enamorado:
debe dolerle mucho el corazón.
César Vallejo. Dios (frag.)


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