A medida que se acercaba el momento de la comunión, me sentía elevado por impulsos de adoración… Ni los más refinados placeres de los sentidos, ni siquiera las ebriedades cerebrales que proporcionan el arte y la poesía pueden compararse a ese éxtasis, en el que el alma, que se une a Dios, se derrite por entero. Durante el transcurso de mi acción de gracias, saboreaba plenamente la radiante paz que reinaba en mí.
Adolphe Retté. Del diablo a Dios
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