Cristina Campo. Petición realizada el 5 de febrero de 1966
Creación Contracorriente
Lluevan tormentos, penas y temores,
y cúbrame el diluvio de esta vida,
que la llama que en mi alma está prendida
no podrán apagarla mis dolores.
¿Quién me podrá apartar de mis amores?
Que de todo mar me lleva la crecida
y en fuego de alquitrán está encendida
mi nave, llena de diversas flores.
El puerto más seguro de la tierra
es no tomarlo aunque convide al alma,
ni mirar a las aguas de este suelo
y ausente de mi bien sufrir la calma;
que no me podré hallar en esta sierra
siendo mi amada patria el alto cielo.
Sor Ana de la Trinidad. Dolor humano, pasión divina
Los que son encerrados en el frío, tras solemnes cerraduras,
los que han sido vestidos de sayal, los que se aferran a los
barrotes,
los que son aherrojados, con cadenas en los pies, en
calabozos sin tragar luces,
los que se van, maniatados, porque se les ha negado el nuevo
amanecer,
los que caen en la mañana, dislocados en el patíbulo,
los que lanzan un último grito en el momento de abandonar su
piel,
serán, No obstante, un día, el Tribunal de Justicia eterno.
Porque antes, incluso, de juzgar al criminal y al inocente,
es a los jueces, primero, a quienes será preciso convocar.
Ellos, que saldrán de sus tumbas, desde el fondo de los
siglos, todos juntos,
bajo sus galones militares o sus togas de color de sangre (…)
los que fueron juzgados
los primeros, antes, durante la existencia,
como está escrito en el libro de la Verdad, solo serán
juzgados al final (...)
Pasarán, responderán a los tribunales de los últimos días,
aquellos que tanto se preocupaban de mantener blanco su
armiño,
y las prisiones se abrirán, sin necesidad de ser rojo ni
pestillo.
En el Tribunal de la Suprema Apelación, no serán los mismos
de siempre,
Oh, hermanos de las cárceles heladas, quienes estarán del
lado de los que mandan
los peleles desarticulados, atados al patíbulo que se
inclina
se levantarán ante vosotros para escucharos, o jueces que
siempre permanecisteis sordos.
Y los que han pasado sus noches masticando malos sueños,
los pálidos navajeros, los héroes muertos en combate,
las chicas que, en las aceras, ocultan la droga en sus
medias.
Los que, durante años han perdido su sangre y su vigor,
por el juez y por el delator, por Caifás y por Judas,
Verán al gran Condenado, rey de los condenados de aquí abajo,
inaugurar para jueces y juzgados el tiempo del gran relevo.
Robert Brasillach. Poemas de Fresnes
La oración no aleja de las preocupaciones del mundo. Al contrario, nada más responsable que orar : cuánto más vivimos una oración muy simple y muy humilde, más nos conduce a amar y expresarla con nuestra vida.
Roger de Taize