De sus pies que pisaron la tierra
Nadie conoce el secreto, atesorado, peligroso,
El terrible, tímido, asustado, susurrado, dulce,
Secreto desgarrador de su camino con nosotros.
Ningún planeta sabe que este
Nuestro planeta al borde del camino, que alberga tierra y olas,
Amor y vida multiplicados, y dolor y dicha,
Guarda, como tesoro principal, una tumba abandonada.
Ni, en nuestro breve día,
Se pueden adivinar sus designios con los cielos,
Su peregrinaje para recorrer la Vía Láctea
ni que Sus dones allí se manifiesten.
¡Oh, prepárate, alma mía!
Para leer lo inconcebible, para escudriñar
las miríadas de formas de Dios que esas estrellas despliegan
cuando, a nuestro turno, les mostremos a un Hombre.
Alice Meynell. Cristo en el universo







