Por mis manos,
pero también por las manos que aran,
que siembran, que abrigan.
Manos de ternura que liberan de la amargura,
manos que estrechan otras manos
con caridad, con solidaridad,
manos de las despedidas
que quedan heridas,
¡que secan lágrimas y dolores sufridos!
¡Por las manos de las sinfonías, de la poesía, de las cirugías, de las psicografías!
Por las manos que atienden a la vejez,
al dolor,
¡al desamor!
Por las manos que acunan en su regazo el cuerpo de un hijo ajeno sin temor!
¡Y por los pies que me llevan a caminar, sin quejarme!
Amélia Rodrigues. Gratidão (frag.)







