"El arte que trasciende, que ayuda a ver y encontrar al otro, que es expresión de la tradición y de la renovación de la fe y de belleza". Benedicto XVI

domingo, 4 de octubre de 2026

Día de San Francisco de Asís 2026




Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .

Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.

Porque es:
Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.

Oración de San Francisco de Asís

viernes, 2 de octubre de 2026

En verdad no está solo




Quien después de días de hambre piensa en el pan,
está pensando en el pan de verdad.
Quien al fondo de un cuarto de tormentos
echa de menos la ternura,
desea la ternura de verdad.
Quien, reclinado en una almohada,
no siente que está solo,
en verdad no está solo.

Janos Pilinszky. Salmo

miércoles, 30 de septiembre de 2026

el corazón sediento

 


En la respiración del viento
desde el mito antiguo 
desde la sed de Tu sacrificio
del Crucificado
Abrazo
irrumpe el Amor
en el corazón sediento.

Ioanna Tsatsos. En la respiración


martes, 29 de septiembre de 2026

Día de San Miguel Arcángel






San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate contra las maldades e insidias del demonio. Se nuestra ayuda, te rogamos suplicantes. ¡Que el Señor nos lo conceda! Y tú, príncipe de las milicias celestiales, con el poder que te viene de Dios arroja en el infierno a Satanás y a los otros espíritus malignos que ambulan por el mundo para la perdición de las almas.

León XIII. Oración a San Miguel

lunes, 21 de septiembre de 2026

La vigencia de una petición

 


Artistas y estudiosos, tanto católicos como no católicos, preocupados por preservar, en el mundo moderno, uno de los mayores patrimonios culturales y espirituales de Occidente —un patrimonio que corre el riesgo, en poco tiempo, de convertirse en algo puramente arqueológico—, solicitan que se presente una petición a la benevolente atención de Su Santidad, el Papa Pablo VI —una petición que, al parecer, representa ya el deseo de grupos cada vez más numerosos, tanto de fieles como de no católicos—, para que la liturgia latina-gregoriana, tal y como se ha celebrado durante quince siglos en las comunidades monásticas, permanezca intacta y completa, al menos en aquellas iglesias conventuales que no tienen funciones estrictamente parroquiales; y para que en esta liturgia, incluida la misa, no haya partes en lengua vernácula ni música distinta del canto gregoriano; y que en las iglesias conventuales no se utilicen amplificadores ni otros instrumentos mecánicos que distorsionen irremediablemente la naturaleza del canto llano y el carácter del lugar. Si Su Santidad tuviera la bondad de considerar esta petición —que no parece en modo alguno contraria a la Constitución litúrgica conciliar, y que parece concordar particularmente bien con las admirables palabras del propio Pontífice en su discurso a los agustinos el 31 de agosto de 1965 —, ello permitirá a una amplia parte de los fieles, y a los no católicos que lo deseen, seguir participando o asistiendo a la liturgia y al canto tradicionales, sin restar importancia a otras formas litúrgicas adoptadas recientemente en las iglesias parroquiales de todo el mundo.


Cristina Campo. Petición realizada el 5 de febrero de 1966

viernes, 18 de septiembre de 2026

La puerta del amor




Mi amor, que nace
en ti, no termina
en ti. Eres la puerta del amor
a través de la cual avanzo
al encuentro del universo, tendiendo los brazos hacia todo.
Eres mi libertad, que más allá de la presa rota
derrama sus aguas triunfantes
y abre todas las jaulas, las vacía en un instante,
llenando el cielo de miles de pájaros
que jamás volverán a dejarse aprisionar.

Margherita Guidacci. Puerta de Amor

martes, 15 de septiembre de 2026

La patria del alto cielo

 



Lluevan tormentos, penas y temores,

y cúbrame el diluvio de esta vida,

que la llama que en mi alma está prendida

no podrán apagarla mis dolores.


​¿Quién me podrá apartar de mis amores?

Que de todo mar me lleva la crecida

y en fuego de alquitrán está encendida

mi nave, llena de diversas flores.


​El puerto más seguro de la tierra

es no tomarlo aunque convide al alma,

ni mirar a las aguas de este suelo


​y ausente de mi bien sufrir la calma;

que no me podré hallar en esta sierra

siendo mi amada patria el alto cielo.


Sor Ana de la Trinidad. Dolor humano, pasión divina