Este hombre, luz de mundos sin fin,
que reza junto al tronco,
siente las ramas que le abrazan,
plegándose entre ellas: amasando, apretando
hasta que la piel se resquebraja y no es aceite
lo que se derrama por el suelo y no se agitará mañana
como las olas contra la barca.
Sus amigos más cercanos duermen su sueño: inconscientes
un amigo le fustigará con un beso.
Los enemigos podrán clavos en sus Palmas y muñecas
y le clavaran una esponja de vinagre entre las costillas.
Harlow Clark


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