Kierkegaard dijo a Hegel: me recuerda a alguien
que construye un enorme castillo, pero él mismo vive
En un almacén junto a la construcción.
La mente, de igual modo, habita en
Los modestos aposentos de la calavera,
Y esos gloriosos estados
Que nos fueron prometidos están cubiertos
De telarañas cuando debiéramos gozar
De una estrecha celda en la prisión, la canción de un
prisionero,
El buen humor de un funcionario, el puño
De un policía. Vivimos anhelando. En nuestros sueños,
Cerrojos y pestillos se abren. Quien no encontró cobijo
En lo grande mira lo pequeño. Dios
es la semilla de amapola más pequeña del mundo,
que se derrama con grandeza.
Adam Zagajewski


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