No se mueve la Iglesia por ambición terrena alguna, solo pretende una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu Paráclito, la obra del mismo Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir, no para ser servido
Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes


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