No se trata de sentimentalismo, sino de que nada como el
sufrimiento es capaz de abrir ciertas perspectivas. El ser humano se identifica
consigo mismo en el sufrimiento de manera que a la vez va más allá de sí mismo.
Se vuelve sensible a lo metafísico; no con su saber, no con su intelecto, sino
con todo su ser. Por eso es el hombre sufriente anacrónico en nuestra civilización
y por eso lo marginan en el mundo: con su mero ser perturba el gran juegos
social de la negación de la metafísica.
László Földényi. Elogio de la melancolía.


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