Pero no es suficiente perdonar las injurias y soportar los
malos tratamientos. El verdadero discípulo de Cristo, a ejemplo
de su Maestro, amará incluso a sus enemigos, pedirá por
ellos, les servirá de todas maneras y acudirá en socorro de sus
necesidades, a imitación del Padre celestial—supremo modelo
de perfección— , que hace salir el sol y derrama la lluvia sobre
los buenos y los malos.
Antonio Royo Marín. Los grandes maestros de la vida espiritual
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