Cabalmente en una época en que las
propias Iglesias aducen gustosas balances sociales como demostración pública de su
utilidad social situando en primer plano sus prestaciones diaconales en la sociedad
contemporánea, es de exigir a las Iglesias que no se limiten a integrarse en nuestra sociedad como
«agencias de servicios», sino que se presenten y acrediten como «caballos de Troya»
dotadas de ese imprevisible potencial de perturbación social que caracterizó ya a los
profetas bíblicos.
Kurt Koch. La Iglesia de Dios
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