No hay nada que más directamente camina el alma que la belleza, la cual difunde luego una satisfacción y complacencia secreta por la imaginación, y da la última perfección a todo lo que es grande o singular. Basta descubrirla [la belleza] para que el ánimo se llene de una alegría interior y para que se esparza un agrado y deleite por todas sus facultades.
El Hacedor ha hecho agradable lo que es bello en otros objetos, o más bien ha hecho que parezcan bellos tantos objetos, para que la creación entera resultara risueña y deliciosa…
Joseph Addison. Los placeres de la imaginación.
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