Si nos hemos profanado a nosotros mismos —¿y quién no?—, el remedio será la cautela y la devoción para volver a consagrarnos y convertir de nuevo nuestras mentes en santuarios.
Los ojos no fueron hechos para los serviles usos a los que ahora se destinan y en los que se gastan sino para contemplar la belleza ahora invisible.
Henry Thoreau. A Week on the Concord and Merrimack Rivers
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