En la extensión del tiempo
Siempre seguro de Dios, nunca seguro de sí mismo, el creyente no “tiene” a Dios en nada de lo que posee, puesto que Dios es trascendente al don que concede de sí mismo, pero no exterior a ese don. Por eso, Dios ya está allí, pero no solamente allí; puesto que él es todo, no se lo posee en ningún momento parcial; y puesto que el hombre no es todo, él sigue la extensión del tiempo, la discursividad del lenguaje, la multiplicidad de los otros con la seguridad de encontrar en todo a aquel a quien ama, pero también de no fijarlo en ninguna cosa.Michel de Certeau. L’expérience religieuse “connaissance vécue dans l’Église».
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