Mientras andamos en el cuerpo podemos amar a Dios más que hablar de Él y conocerle. Amar nos aprovecha más, trabajamos menos, le agradamos más. Pero preferimos ir por el conocimiento sin encontrar nunca lo que buscamos, más bien que poseer amando aquello que, sin amar, en vano incluso encontraríamos
Pico della Mirandola.
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