Lo que puede esconder la nada es, en primer lugar, el amor propio, los respetos humanos, los pensamientos y preocupaciones de cosas de la tierra, el hacer las cosas como por costumbre, el obrar con cierta satisfacción propia, el seguir en algo la voluntad propia y otras cosas semejantes. Todas estas cosas son estorbos que se ponen delante de esa nada, y el alma, al no verla a causa de tales impedimentos, se detiene , y este detenerse es volver atrás. ¡Oh Dios, qué daño se origina de aquí al alma!
Verónica Giuliani. En la escuela de la nada.
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