Hay muchas personas cuyas almas viven aún en ese lugar silencioso,
espacioso, abierto, que es invariablemente fruto de un gran amor o de un gran
sufrimiento, y generalmente de ambas cosas. Tal es el sendero natural y universal hacia
la contemplación. No necesitamos ser célibes, monjes, ni siquiera especialmente ascéticos
(salvo en la mente y el corazón) para ser contemplativos.
Richard Rohr. Compasión silenciosa
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