En este espiritu, la oración no es un ejercicio de pensamiento
o de palabra, sino de escucha y de apertura. En última instancia,
solo puedes conocer a Dios a través de Dios, como Amor siempre
inalcanzable. Es en la oración donde tú permites a Dios actuar y
hacerse real, más allá de tu comprensión o de tus pequeños planes.
Vas cayendo gradualmente en la cuenta de que tu vida interior
no es la medida de Dios. Nosotros no somos el punto de partida
de la oración; lo es Dios. Y lo mismo puede afirmarse de la fe.
Aprendes que la plenitud procede de recibir, más que de construir
o esforzarte.
Hans Urs von Balthasar.
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