El mundo creado que nos rodea es como una voz que
nos habla. Sí nuestra fe es débil esa voz provoca en nosotros
la distracción, nos separa de Dios y nos centra en
nosotros mismos. Con el aumento de la fe se produce el
proceso opuesto; el mundo extemo empieza a hablarnos
de Dios, nos concentra en Dios y nos impulsa hacia él.
Se convierte en un signo de su presencia, nos ayuda a
entablar contacto con él y se transforma en un lugar de
encuentro con él.
Tadeus Dajczer. Meditaciones sobre la fe
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