A medida que daba a conocer mis miedos, crecía en mí la conciencia de la presencia
de los santos. En cierto sentido, ellos estaban más presentes que yo, porque eran más
conscientes, estaban más despiertos y más vivos en Dios. Eran como hermanos mayores
que habían acudido a ayudar al pequeño cuando se ha hecho daño. Mi oración se
convirtió en una conversación que los incluía a todos.
Scott Hans. Ángeles y santos
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