Cava en ti una parte para el misterio; no te labres por entero con el arado del examen, sino que deja en tu corazón un rinconcillo, un barbecho para las semllas que traigan los vientos... prepara en tu alma un lugar para el huesped inesperado, y un altar para el dios desconocido.
Henri Frédérich Amiel
No hay comentarios:
Publicar un comentario