El hombre recibe
ese poder del Dios creador. Es un poder delegado, puesto al servicio
del orden de la creación, no un poder autónomo y despótico capaz
de destruir lo creado en nombre de la propia autoridad. La posición
privilegiada del hombre en la creación lo hace corresponsable de ese
orden porque en él ve el designio del Creador, no el fruto de una
enorme casualidad. En una realidad de origen meramente casual,
no sería posible tener la relación propia que se establece entre seres,
que aun estando a niveles de existencia muy diferentes, permanecen
unidos por su carácter de criaturas de Dios.
Horacio E. Lona ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?
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