sábado, 30 de julio de 2016

El bando mundano



Puesto que el hombre mundano quiere cambiar su sitio, su destino, sus ídolos, y cambiarlos  siempre, el amigo de Dios debe conservar y quedarse en el sitio en que Él lo ha puesto. En efecto, entre los amigos de Dios y los del mundo se dan una antítesis y una ruptura. Lo que uno elige, el otro lo rechaza. De otro modo, ya no habría dos bandos, sino uno solo: el mundo.

Padre Jérôme. Écrits monastiques. 

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