viernes, 11 de marzo de 2016

Reaccionar




La palabra de Jesús no es ni condescendiente ni falsamente revolucionaria, ni demagógica ni comercial. Su palabra es recta, luminosa, cortante como una espada, y cada uno la entiende como puede. Para el desgraciado, el enfermo, el desviado y el excluido de la sociedad y la religión, es una palabra liberadora que lo pone en pie y le devuelve su dignidad y la alegría de vivir. Pero para los guardianes de los ritos y el orden, la misma palabra es tan dura y violenta que los condena y obliga a reaccionar. 

André Gromolard. La segunda conversión



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