Si queremos morir, tenemos sin duda el derecho de pedir a Dios que nos deje morir; pero siempre con el aditamento: que se haga tu voluntad, no la mía. Sin embargo, este Dios no es nuestro señor como el señor de un esclavo: es nuestro padre. Es el Dios cristiano, que nos ama infinitamente y con infinita sabiduría. Si deja que suframos, es por nuestro bien, por nuestra purificación.
Paul Ludwig Landsberg. El sentido de la vida y la experiencia de la muerte
No hay comentarios:
Publicar un comentario