Esta humildad profunda, generosa, apacible , inalterable, que nos pone por una parte, en cuanto pecadores, muy por debajo de la nada, y por otra, nos eleva por encima del mundo , del demonio, de nosotros mismos, y nos hace grandes con la grandeza de Dios, fuerte con la fortaleza de Dios, santos con la santidad de Dios.
J. N. Grou. Manuel des âmes intèrieures
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